viernes, 15 de abril de 2016

“Vida en Comunidad Cristiana, un Reto en Siglo XXI”

El artículo manifiesta la importancia que tiene la creación de un entramado de comunidades a partir de la creación de la pequeña comunidad a la que aporta opiniones para su caminar.

Nos pasea por los retos y oportunidades que nos brinda la cultura actual y se fijará en los valores que nos provoquen un modo más adecuado de vivir la fe comunitaria, presentándonos siete propuestas que deben ir marcadas por una actitud profética y el sueño de una nueva forma de configuración eclesial.
La situación eclesial al igual que la sociedad nos brindará retos y oportunidades con los que orientar convenientemente la mirada al futuro: unidad, diálogo, comunión complementariedad…
De qué vale conocer si no entramos en el desafío de la evangelización. Es cuestión de empezar.
En medio de esta crisis, globalmente la vida religiosa permaneció fijada en el texto del Vaticano II en vez de contemplar la gran crisis religiosa que se manifestó tan claramente pronto después del Concilio. Sin embargo, el decreto Perfectae Caritatis es un texto totalmente obsoleto que no nos da ninguna orientación para el futuro. Parece más bien que da la orientación para el pasado. Contemplado desde la realidad donde ahora estamos, es perfectamente ingenuo. Ignora totalmente los retos de la religión de nuestra época. Con certeza, este es uno de los documentos más débiles del Concilio, pero leído a la distancia, decepciona porque sí se podría prestar más atención a los signos de los tiempos que ya existían, aunque en forma más discreta, en aquella época.
Primero, el Concilio para contemplar la vida religiosa, parte del derecho canónico y define la vida religiosa por el derecho canónico.
Puesto que desde el principio él confiere la prioridad a los institutos. A su mirada, la vida religiosa es una institución antes de ser una vida. Es ignorar totalmente el estudio hecho sobre las instituciones que ya existía en aquella época. Se supone que las personas que hicieron la profesión en un instituto, están viviendo una vida religiosa, viviendo un carisma específico. Se supone inclusive que están viviendo una vida cristiana porque están cubiertas por un revestimiento que se afirma cristiano. No se puede identificar la vocación religiosa con pertenecer a un instituto. El instituto orienta para sí mismo muchas de las energías de sus miembros, energías dedicadas a la organización, al poder, a la subsistencia del instituto. Pensar que se es religioso por haber hecho la profesión de los votos, es confundir lo jurídico con lo real. Los institutos pueden muy bien matar a la vida religiosa de sus miembros, como ya fue demostrado tantas veces en la historia.

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